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Siendo estudiante de diseño gráfico, recuerdo un comentario de una profesora acerca de que nuestra
producción profesional pronto tendería a cambiar de soporte, del papel hacia la pantalla, de la tinta al píxel.
Mi formación tuvo mucho que ver con el medio impreso (estudié en la Fundación Gutenberg). Desde entonces,
sin embargo, la mayoría de los trabajos en los que participé únicamente “existen” a través de una pantalla.
El medio impreso
Desde los noventa hasta hoy la impresión también ha tenido su “revolución”. Cada
día es más común imprimir
con el sistema CTP,
que elimina las películas, y gestionar electrónicamente los archivos de impresión mediante la utilización
del formato PDF.
Por su parte, las máquinas actuales son capaces de imprimir hasta
12 colores y ambas caras simultáneamente
de una sola pasada. Esto supone una reducción de materiales, costos y tiempos de producción.
Las herramientas con las que trabaja el diseñador han evolucionado notablemente en los últimos años: con sólo
seleccionar una opción, la maquetación de un libro podrá enviarse a una imprenta o publicarse en Internet.

Ya es posible enviar los archivos para imprimir por e-mail, recibir las pruebas de impresión en 24 h., establecer las
cantidades a imprimir y almacenar los archivos en los servidores de los impresores, preparados para una próxima
reimpresión, en lugar de conservar los fotolitos.
El medio digital, de herramienta a soporte
Mi primera experiencia consistió en crear una web para una fábrica; era el año 1997 y los recursos disponibles (y lo
reconozco: mi know how) eran bastante limitados. Las pantallas de los usuarios tenían una resolución media de
640 x 480 px, las conexiones de Internet se realizaban a través de un módem de 32 KB, con suerte, y las pantallas
de muchos usuarios no podían reproducir más de 256 colores.
Las tipografías instaladas en los sistemas eran escasas: lo mas común
era utilizar Arial o Times. Usar imágenes en lugar de tipografía suponía sacrificar los escasos KB disponibles por página…
aumentando el de por si fastidioso tiempo de descarga.
La interactividad
Leyendo la revista Tipográfica, una interesante reflexión proponía: “[…]
como diseñadora de los noventa […] siento placer de
participar en la liberación de la pasividad impuesta al pobre receptor […]
ahora gracias a la interactividad […] ha ascendido a
la categoría de intérprete o coautor […] ¡ha terminado el monopolio de los
autores!”. (1)
La posibilidad de acceder a los contenidos desde distintos orígenes
supone un estudio de los posibles recorridos tanto internos como externos
de una web.
Cada día nuevas herramientas
Con el comienzo del nuevo siglo se masifica la utilización de una
herramienta que crea una particular tendencia estética: el flash de Macromedia,
que permite al diseñador manejar otra variable: el tiempo. Los vectores hacen su aparición en Internet.
La secuencia, el movimiento y también el sonido se añaden a las posibilidades de diseño.
Los clientes se interesan por la comunicación digital. Se masifican los webmails... esa especie de folleto que recibimos en
nuestro buzón de correo. La Rosa de Foc
traslada su comunicación mensual a sus suscriptores del papel al píxel. El menú se puede “hojear” pasando páginas de html.
Estamos en el año 2004, y conceptos como usabilidad y accesibilidad forman parte del proceso de diseño. Nuevos soportes:
móviles (celulares) y palms, impondrán nuevos márgenes para la creación de contenidos visuales.
¿El soporte conceptual?
Mantenernos actualizados, conocer el entorno profesional en el que ejercemos y manejar las herramientas necesarias para poder
hacer realidad nuestro trabajo supone un esfuerzo en tiempo, y muchas veces en dinero, participando en conferencias, cursos o
posgrados. Personalmente prefiero priorizar la formación “conceptual” a la “operativa”.
¿Cuál es el futuro de la profesión? Quizás mediante el cruce de ideas, los debates que se proponen en las asociaciones
profesionales (como la de reciente creación: UDGA
en Argentina o ADG-FAD de
España) puedan responderlo. Sin duda, el
diseñador se formará con el aporte de varias disciplinas, trabajará para distintos medios y en equipos interdisciplinarios, pero
tendrá la misma misión: ofrecer soluciones visuales a requerimientos de comunicación.
[1] Revista Tipográfica, número 37, año XII. Reflexión planteada
por Mónica Pujol titulada “El monólogo de la interactividad”,
El diseño es diseño de interfaces. Mónica Pujol es la titular de la cátedra
Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires y
de la Fundación Gutenberg.
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