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¡No me toques la pantalla!
Un lenguaje, el visual, nos acerca (o dificulta) el acceso a la información y/o a las transacciones en la actualidad.
Sin embargo, muchas personas no están capacitadas para “leerlo” y necesitan ayuda. Parece necesario tener una
“cultura visual” para moverse
libremente por el escenario actual.

Las interfaces de los sistemas operativos, de las máquinas de venta, de los cajeros automáticos de los bancos y
las pantallas de los móviles nos comunican posibles acciones, advertencias (¡imaginen borrar el disco duro!),
sentimientos, etc. a través de iconos, formas y colores.
¿Hablas el lenguaje visual?
Hace más de diez años el juego de PC
Monkey Island proponía al jugador interactuar con el personaje de una manera novedosa: la combinación de iconos de la pantalla
permitía crear frases con las que comunicarse con el resto de personajes. Una vez que te acostumbrabas a la propuesta era fácil…
A pesar de ser un juego desarrollado en Estados Unidos (en inglés), se podía “escribir” con imágenes.
Otro ejemplo de interactividad es el propuesto por los supermercados “on-line”. En la mayoría de ellos el acceso a los estantes de
productos se realiza mediante la poco
“amigable”
selección de textos hasta llegar al tipo de producto deseado. Es cierto que la amplísima cantidad de productos hace muy compleja
la arquitectura de la información,
sin embargo el supermercado Disco
lo soluciona de una forma atractiva y visual.
Amazon, la tienda más conocida del mundo on line, propone hojear algunas páginas del libro en el que estamos interesados, y
Siemens permite conocer todos los aspectos tanto técnicos como estéticos del “nuevo” modelo a la venta.
Por supuesto, en cualquiera de estos ejemplos tendremos éxito en la interacción
si podemos interpretar exitosamente la interface.
Interacción en la web
Para diseñar una interfaz, además de las cuestiones técnicas, lo primero es establecer el
objetivo de la web y su público. Es básico
para aproximarnos mentalmente al grado de cultura visual del grupo destinatario y
diseñar
en consecuencia.
Un caso curioso se da en las webs de estudios de diseño gráfico: su complejidad de navegación. Se supone que los diseñadores tenemos
el “músculo” visual más desarrollado que otros profesionales pero, ¿por eso tenemos que usarlo tanto?
La web del Ayuntamiento de Barcelona (una de las que permite
hacer mayor cantidad de trámites on-line en España) casi no utiliza gráficos en su interfaz. La mayoría de acciones se realizan a
través de textos…
Traducciones gráficas
Hay algún dato curioso como el icono de la casa que sirve para volver al inicio de la web y que sin duda proviene del inglés.
En esta lengua se denomina home page a la página inicial de un sitio web. La palabra castellana “casa”
(home) no posee el significado de “punto de partida” que sí tiene el inglés. Sin embargo ningún castellano-parlante
debería tener problemas para comprenderlo.

El uso de iconos, aparentemente universales, tales como el carrito de las compras, el sobre de email o la flecha de play, son
posibles gracias al aprendizaje por parte de todos (o casi todos) los usuarios. Sin embargo me pregunto si un habitante de
Swazilandia comparte los mismos códigos visuales que uno de Islas Salomón.
A lo mejor, un nuevo “esperanto” visual está naciendo gracias a Internet y a la necesidad de comunicarnos con las máquinas.
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